Filosofia per la vida

El pasado que sobra

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Paseábamos por el centro de la ciudad. Una nueva tienda de discos de vinilo, de relojes de muñeca, de ropa que alguien se pondrá mezclando estilos, máquinas de escribir, figuritas y pongos.

Y fotografías. De familias que ya no son, de bodas, de niños que jugaban, de primeras comuniones, de comidas y celebraciones mirando a cámara, sonriendo, conscientes del momento que quedará para la posteridad, hecha de desconocidos que entran por casualidad a una tienda de segunda mano y miran las fotos de familias que no les han pertenecido y se preguntan quiénes fueron y por qué están las fotos en venta, a veinte céntimos la foto. O a peso.

Salimos y nos hicimos una selfie, el día lo merecía. Y en el siguiente viaje fotografiamos puestas de sol y olas y posturas y platos de comidas, más selfies y objetos de exposiciones que nunca más recordaremos. Y la memoria del teléfono se llenará y escogeremos borrar esas fotos, que ya no sirven: a lo mejor nunca sirvieron como pasado y sólo fueron un gesto del presente.

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