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Filosofía del dolor

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Hace mucho tiempo que de vez en cuando aparece una referencia a Kintsugi, la reparación de objetos de cerámica. En el último artículo que me ha llegado, leo que trata de la filosofía del dolor, o también de la filosofía de las cicatrices.

Algunos antiguos ya hicieron del dolor la fuente de su filosofía: hedonistas y estoicos partieron del dolor, o en dejar de sentir dolor: en la consecución de la imperturbabilidad. Pero nunca había pensado en “filosofía del dolor”, como utiliza este artículo sobre el Kintsugi

Alguien una vez me habló de hacer una exposición sobre las cicatrices. Era un proyecto bonito que quedó en nada. O de momento ha quedado en nada. Las cicatrices por donde algo ha entrado y ha entrado también la luz en el espacio oscuro que era el interior. De donde también puede salir luz, una grieta que pone en relación aquello que había vivido apartado.

Y luego está la sabiduría japonesa, que une los fragmentos de algo que se rompió y crea un nuevo objeto y reflexiona acerca del cambio. Y con el cambio Heráclito. Y de Heráclito a su cita: “Ηθος Ανθρωπῳ Δαιμων“, El carácter es el destino.

Las distintas filosofías nos hablan de las mismas cosas: cambio y daimon, dolor e imperturbabilidad. Amor fati, amor al destino. Y todas ellas nos enseñan algo nuevo, algo inefable, como el pegamento de oro o plata que repara las piezas rotas de un objeto de cerámica, y no será el pegamento el que le dé más valor a la pieza si no la experiencia que la pieza al fracturarse ha adquirido, si es que unas manos y una atención voluntariosa han querido que esa pieza sea reparada.

 

 

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